
Tomàs no estaba cuando Jesùs se apareciò. Su corazòn no puede creer lo que oye. «Si no veo, no creerè.»
Una semana después, Jesùs aparece otra vez, y va directo a èl.

«Pon aquì tu dedo… y no seas incrèdulo, sino creyente.»
Jesùs no reprende a Tomàs; lo busca en su duda.
El Dios que me ve no se aleja de los que dudan, sino que se acerca para sanar su fe.
Y Tomàs termina declarando la verdad màs grande: «! Señor mìo y Dios mìo!»
Deja un comentario