
Jacob està solo, de noche, junto al rìo. Ha huido, ha mentido, ha engañado. Pero ahora no puede huir màs.
De pronto, alguien lucha con èl. Toda la noche.

Al amanecer el hombre toca su muslo y lo hiere.
«Suèltame», dice el hombre.
Jacob responde: «No te dejarè si no me bendices.»
Ese encuentro cambia su nombre, su destino y su historia.
Deja de ser Jacob, el engañador, para ser Israel, el que lucha con Dios.
El Dios que me encuentra no viene a destruirme, sino a transformarme.
y en cada herida, deja una marca que me recuerda: estuve cara a cara con Èl.
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