
Elìas se sienta bajo un arbusto y dice: «Basta ya, oh Jehovà, quìtame la vida.»
Està exausto. El fuego del Carmelo se apagò, la amenaza de Jezabel lo quebrò.

Pero mientras duerme en su desesperación, Dios se acerca en silencio.
Un angel lo toca:»Levàntate y come.»
Hay pan sobre las brasas, y agua junto a su cabeza.
El Dios que me encuentra no siempre llega con voz tronante, sino con un toque tierno y pan caliente.
El no lo reprende, lo alimenta.
y lo levanta para continuar el camino
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