
Jonàs huye. Tiene miedo del llamado. No quiere obedecer, no quiere perdonar, no quiere ir a Nìnive. Asì que corre…lejos de la voz De Dios.
Pero nadie puede huir del amor que persigue.
El viento, el mar, el gran pez…todo conspira para traerlo de vuelta.

En las profundidades del abismo, cuando ya no queda oxìgeno ni esperanza, Jonàs ora. Y Dios lo encuentra en su fracaso.
Lo que para otros serìa su fin, Para Dios es el punto de partida.

El pez lo vomita, y la misma voz que oyò desde el principio lo llama otra vez: «Levàntate y ve.»
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