
En la cruz, entre el dolor y la vergüenza, un ladròn se atreve a hablar: «Acuérdate de mì cuando vengas en tu reino.»
Jesùs, agonizando, lo mira y responde: «Hoy estaràs conmigo en el paraìso.»

En el ùltimo momento de su vida, Dios lo vio.
No por lo que habìa hecho, sino por lo que creyò.
Y esa mirada cambiò su eternidad.
El Dios que me ve no deja de vernos, ni siquiera cuando todos los demàs ya nos dieron por perdidos.
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