
Dos discìpulos caminan tristes, rumbo a Emaùs. Su fe se ha desvanecido, su esperanza muriò con Jesùs.
Mientras hablan, un forastero se une a ellos.
Camina con ellos, les explica las escrituras, les enciende el corazòn.
Cuando parte el pan, lo reconocen.

Era Èl.
y desaparece.
El Dios que me encuentra se une a mis pasos sin anunciar su llegada.
Camina conmigo aunque yo no lo reconozca.
Y cuando abre mis ojos, me doy cuenta de que nunca estuve solo.
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