
Pedro ha fallado. Negò a Jesùs tres veces. Su voz tiembla, su alma se rompe. En el silencio de la noche, un gallo canta y Jesùs lo mira.
Esa mirada no lleva condena, sino amor.
Pedro sale y llora amargamente. Pero ese llanto no es el fin, es el inicio de su restauraciòn.

El Dios que me ve no me descarta por mis errores, sino que me espera para levantarme.
Y esa mirada de amor marcò a Pedro para siempre.
Cuando Jesùs resucita, no busca multitudes; busca a Pedro. Porque Dios ve màs allà de la caìda, y llama otra vez a los que se han roto.
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