
Ana ora en el templo. Su corazòn està quebrado. Ha escuchado las burlas, ha sentido la vergüenza, y aùn asì sigue orando. No tiene voz, solo làgrimas. Pero Dios entiende el lenguaje de sus sollozos.

Cuando la creen ebria o desesperada , Dios la ve con fe. Su sùplica no se pierde en el aire; sube como incienso al trono de la gracia. En el tiempo De Dios, su vientre se abre y su promesa nace: Samuel.

Dios no solo le da un hijo. Le devuelve dignidad, esperanza y propòsito. Ana descubre que Dios no solo escucha oraciónes; El mira corazones. Y cada làgrima derramada en fe se convierte en semilla de bendición.
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